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«Que la muerte me halle sembrando coles en mi jardín»

Entrevista a Santiago Beruete

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	© Ana Jiménez.</p>

© Ana Jiménez.

¿Es jardinero?
No, soy filósofo. Pero mi maestro filosófico fue un jardín.

¿Más que Platón?
¡Sí! También los sabios griegos filosofaban en jardines...

No lo sabía.
Academia de Platón, Liceo de Aristóteles, Gimnasio de Antístenes, Jardín de Epicuro... ¡Huertos, jardines! Y Teócrito, discípulo de Aristóteles, es el padre de la botánica.

Su jardín-maestro, ¿cómo era?
Me divorcié, lo vendimos todo: me quedó mi crisis, mi caos... y un trozo de bosque. Por hacer algo, lo aclaré, acoté, quite piedras, abancalé, roturé, sembré, cultivé... ¡y sané!

¿De qué enfermedad sanó?
De mi confusión, de mi agitación, de mis prisas, de mi arrogancia, de toda esta tecnolatría tan nuestra... Dejas el móvil fuera del jardín y te embarras, y te arrodillas, y tus manos encallecen... ¡y entonces aprendes!

¿Qué aprendes?
Paciencia, entrega, constancia..., y humildad, ¡que justamente viene de humus!

Tierra abonada, ¿no?
De la hez, de la caca, de lo más bajo y degradado, brotará lo bueno, útil y bello. ¡Eso es el jardín y eso busca la filosofía! Cuidar del jardín es una terapia psychés (terapia del alma), nos enseñó ya Sócrates.

¿Ajardinar... es filosofar? ¿Filosofar... es ajardinar?
Eso sostengo, porque el jardinero tiene la respuesta a la pregunta central y fundacional de la filosofía: ¿cómo vivir bien?



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