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Castelli por Castillejo, una mirada

Castelli por Castillejo, una mirada

Entrevista

ARN Digital

Luis Cáceres

http://www.arndigital.com/articulo.php?idarticulo=822


De la mano del diplomático, poeta experimental y artista José Luis Castillejo rescatamos algunos puntos de interés en la vida del galerista que revolucionó el arte moderno, Leo Castelli. En el mismo periodo neoyorquino en que comenzaba a despegar la carrera de Castelli como adalid de las nuevas tendencias del Neodadaísmo, el Pop Art, el Minimal o el Arte Povera de los años 60, aterrizaba en Estados Unidos el diplomático, poeta experimental y coleccionista de arte José Luis Castillejo. Este, quien asistió primero como aficionado y después como coleccionista y escritor a la vida cultural de la ciudad de los rascacielos, se convertiría finalmente en testigo de la frenética carrera que llevarían a Castelli y su primera mujer, Ileana Sonnavend, a convertirse en los más importantes marchantes de arte moderno de todos los tiempos.

- Luis Cáceres: ¿Cómo acaba un diplomático dentro del mundo del arte?

- José Luis Castillejo: Los diplomáticos, hasta que se han hecho burócratas, eran una minoría que se interesaba por la cultura. Además, mi piso en Washington estaba a dos pasos de la Philips Gallery y, en aquella época en que las masas no habían entrado en el arte, aprovechaba para ir a leer a la sala de Rothko o de Renoir. En la Galería Nacional de Arte había siempre conciertos y la poca gente que asistía se acababa relacionando y conociendo. Todo Washington era una invitación al arte, lo mismo fuera el arte clásico que el moderno. Más tarde conocí en Nueva York a un grupo de pintores españoles que estaban por entonces allí y que lo conformaban Manolo Barbadillo, José Guerrero o Esteban Vicente, entre otros. Barbadillo veía a Antoni Tàpies como el nuevo mesías de la pintura, y me animó a comprar obra del catalán. En la galería Martha Jackson adquirí 'Argile', seis 'Manchas Negras' y alguna obra más. La pintura americana la comencé a coleccionar ya más tarde. Me apasionaba el arte de Mark Rothko y coleccioné obra de Helen Frankenthaler, recientemente fallecida, de Jules Olitski o Robert Motherwell, entre otros.


-¿En qué año comenzó su carrera diplomática?

- Entré en la Escuela Diplomática en 1953 y mi carrera comenzó en 1955. Después de cuatro años en Madrid trabajando en el Gabinete de Cifras, que aquí le llamaban 'La torre roja', ya que allí estaban todos los conspiradores contra Franco como Fernando Morán o Vicente Cervau, me llamó Fernando María Castiella Maíz, el entonces ministro de Asuntos Exteriores, y me comunicó mi inminente entrada en la embajada de España en Washington en 1959. Yo estaba muy interesado en la filosofía, pero mi padre no estaba dispuesto a pagarme una segunda carrera después de la carrera diplomática.


- ¿Cómo entraste en contacto con Leo Castelli y su primera mujer Ileana Sonnavend?

- Trabajé en Washington hasta 1964, año en que me enviaron a Argelia en un momento bastante inestable. El país magrebí se acababa de independizar de Francia. Yo ya conocía a Leo Castelli y a su primera mujer, Ileana Sonnavend. Había entrado en contacto con esos círculos a través de Esteban Vicente y José Guerrero, quienes estaban en Nueva York en esos momentos. Recuerdo haber asistido a alguna inauguración de Castelli, y recuerdo que era un hombre muy amable y muy fino. Con quien tuve más relación fue con su ex mujer Ileana y el segundo marido de ésta, Michael Sonnavend.


- Eso supongo que tendría lugar más adelante, porque ella realmente empezó a trabajar de forma más independiente de Castelli a principios de los 60 y en París. ¿Continuaste esa amistad tras Nueva York?

- Efectivamente, durante mi estancia en Argelia y hasta que me destinaron a Bonn en 1967 compré diversas obras a Ileana y Michael. Además, en ese momento la galería de Lawrence Rubin, al que le compraba piezas en Nueva York, acababa de cerrar y como consecuencia empecé a viajar a París a ver lo que presentaban en la sede europea de la Castelli Gallery. Ileana y Michael Sonnavend eran sus representantes.


- ¿Y qué era lo que presentaban en esos años 60 esos galeristas?

Pues sobre todo Pop y a artistas como Robert Rauschenberg, Jasper Johns, James Rosenquist, Frank Stella o algún artista Minimal como Dan Flavin. A Ileana le compré varias obras, entre ellas un Warhol. Tenía mucho interés en Jasper Johns, pero era imposible adquirir obra suya, casi había que coger ticket y ponerse a la cola, estaba muy solicitado.


- L.C.: ¿Qué crees que supusieron Castelli e Ileana para el arte de esos años?

- J.L.C.: Bueno, ellos revolucionaron el mundo del arte de los 60. Castelli, que acabó con el modernismo de la Escuela de Nueva York, colocó en la cima el Pop Art de Lichtenstein y de Warhol. De Robert Rauschenberg, recuerdo una anécdota en una de las Bienales de Venecia de esos años 70 en donde Castelli e Ileana colocaron los cuadros de este en una góndola para transportarlos por la ciudad italiana. Fue una estrategia de márketing estupenda, y fue paradigma de cómo ellos ayudaron a la introducción de ese tipo de arte estadounidense en Europa. Los italianos y los alemanes también apoyaron mucho al Pop Art.


- L.C.: ¿En qué momento del arte crees que estamos ahora?

- J.L.C.: Ahora estamos un poco sumergidos en lo que yo llamo la mierda por la mierda. Me refiero al pastiche del posmodernismo. Aunque, he de reconocerlo, yo también he acabado siendo influido por el posmodernismo. Aún así, me sigo declarando un gran defensor del gran arte de la pintura del Expresionismo Abstracto, algo que no puedo evitar debido a la que fue mi gran amistad con uno de sus máximos defensores, Clement Greenberg, aunque eso ya es otra historia.

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