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El exilio interior

La vida de María Moliner

Artículo

El Mundo

Luis Antonio de Villena

http://www.luisantoniodevillena.es/articulos/?p=1078

 

Todos conocemos el nombre de María Moliner unido al del magnífico “Diccionario de uso del español”, labor gigante de una casi solitaria mujer, que Gredos editó en dos tomos en 1966 y 1967. Pocos saben o sabíamos qué historia sencilla, ejemplar y dura se oculta tras el nombre y la sobria seriedad inteligente de esa María Moliner, bibliotecaria de profesión ( no filóloga)  y a la que los académicos de la Española rechazaron en 1972 -hubiera sido la primera mujer académica- cuando la propuso un trío que encabezaba el muy sabio Rafael Lapesa…

María Juana Moliner Ruiz nació en Paniza (Zaragoza) el 31 de marzo de 1900. Vivió en Madrid, en Zaragoza, mucho tiempo en Valencia -durante la guerra y la postguerra- y de nuevo otra vez en Madrid, pasando muchos veranos en el pueblo natal de su marido, La Pobla de Mont-roig en Tarragona. La primera historia que nos sorprende en la vida más interior que exterior de María Moliner es la temprana ausencia del padre, médico. Ella sostuvo siempre que su padre murió cuando ella era pequeña, pero la verdad – parece que no era caso tan infrecuente en la época- es que, hacia 1913, Enrique Moliner Sanz se marchó por segunda vez a Argentina, buscando mejores horizontes laborales, pero nunca más regresó a España y su familia dejó muy pronto de tener noticias suyas. Se marchó para siempre, probablemente tuvo otra familia allá. Enseguida sabemos datos que cuandran con María Moliner: como sus dos hermanos estudió (aunque no sabemos cuanto tiempo) en la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, lo que le unió para siempre a un sentido liberal de la vida y la cultura, progresista también, aunque sin compromisos políticos específicos. Admiró y siguió siempre a Manuel B. Cossío, el fundador de la Institución, para ella más que un maestro. Pasó muchas veces tiempos difíciles, en su juventud y en la posguerra, pero tenía el coraje de seguir adelante. Estudió el bachillerato por libre y luego fue del Cuerpo de Archiveros y Bibliotecarios, siendo su primer destino Simancas en 1922. María se casó con Fernando Ramón y Ferrando en Sagunto en 1925. Él (también de ideas liberales y progresistas, aplicado a la cultura) fue profesor y luego catedrático de Física. Un matrimonio que se ayudó y  respetó. Como parece lógico en tal trayectoria, durante la 2ª República ambos se sintieron plenamente identificados con el proyecto cultural repúblicano, y ambos tuvieron puestos notables, María en temas (que amaba) relacionados con la formación de nuevas bibliotecas y el cuidado y la distribución popular de los libros. Ello y buenas realaciones profesionales con personajes muy relacionados con la cultura de la época, como el filólogo Tomás Navarro Tomás (que marchó al exilio) les costó muy caro al matrimonio Ramón-Moliner. Ambos fueron depurados bajo el primer franquismo -estos expedientes de depuración cuentan entre los más sórdidos capítulos de la dictadura- y así María Moliner y su marido vivieron una terrible y solitaria marcha atrás que la autora de la biografía titula “Se hizo de noche”. Pero en esa noche para tantos, la bibliotecaria Moliner empezó a soñar  a partir del “Learner’s Dictionary” que le regaló su hijo, un diccionario distinto en nuestro idioma al de la RAE, un diccionario menos “académico” y con otras miras. Así, en soledad y silencio, la represaliada Moliner a fines de los años 40 empezó en fichas y en la mesa del comedor de su casa (despacho sólo tenían los hombres) a forjar ese gran diccionario que le llevó quince años de labor en solitario, salvo en los últimos años en que tuvo algunas (pocas) colaboradoras. Ya en 1955 la editorial Gredos de entonces, por consejo de Dámaso Alonso, que siempre admiró a Moliner, contrató ese diccionario magno aún no terminado.  El “Diccionario del Uso del Español”, la única obra de María, fue todo un acontecimiento. Lo sigue siendo. Pese a que la autora no llegara a ver (murió en enero de 1981) la 2ª edición que sólo salió aumentada en 1998, pero según algunos con criterios que modificaban el diseño de la autora. Como sea, “el María Moliner” es ya un clásico, en el que se trabaja en grupo, y que abrió las puertas al Diccionario de Manuel Seco. Pero la desdichada y feliz Moliner trabajó sola. Su sencilla y honda biografía es un ejemplo de lo mejor y de lo peor en la reciente historia de España. Un libro-ejemplo.

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