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«En el coleccionismo hay un instinto de caza»

El rock star de las pujas narra sus récords, sus inicios y experiencias

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	Simon de Pury.</p>

Simon de Pury.

Si mencionamos Basilea rápidamente nos viene a la cabeza Art Basel, una de las ferias de arte contemporáneo más importante del mundo. Pero antes de que tal evento naciera, cuando la pequeña ciudad suiza ya tenía un fuerte bagaje cultural veía florecer a Simon de Pury (Basilea, 1951), el subastador más dinámico y activo de la escena. Tanto que desde que Bob Colacello, periodista de Vanity Fair, lo calificó como el Mick Jagger de las subastas, el apodo ha calado y es conocido bajo ese seudónimo. «Por supuesto que no me molesta ya que los Rolling Stones son unos performers punteros que mejoran con la edad», dice De Pury que publica El subastador. Aventuras en el mercado del arte con el sello Turner.

Se trata de una biografía escrita junto a William Stadiem en la que desgrana parte de la profesión y su andadura desde que de joven ojeaba catálogos de arte en su casa. «No había revistas de Playboy que encontrar en casa de mis padres. Observar los libros de arte con ilustraciones de desnudos de Rubens y Renoir fueron, por lo tanto, mi primera experiencia artística», asegura el subastador a El Cultural. Una de las primeras cosas que desvela en el libro es que en una subasta presencial hay una premisa: situar a los dos grandes rivales de la puja en diferentes puntos de la sala. Christie's lo sabe y lo lleva a cabo. Y uno de los objetivos, por supuesto, hacer una buena venta y a ser posible batir un récord. De Pury tiene experiencia en ello. Ha pasado por Sotheby's pero para romper el liderazgo de las dos casas de subastas más populares (Sotheby's y Christie's) creó su propia marca: Phillips de Pury. Al frente de la casa el subastador batió tres récords mundiales con piezas de Basquiat.

El primero fue en 2007 con la obra Grillos vendida por 8.8 millones de dólares, al año siguiente Fallen Angel se vendió por 11 millones y en 2009, cuando Sotheby's le arrebató el liderazgo sintió ganas de revancha. En 2008 vendió una parte de su empresa a los rusos de Mercury de modo que con esa liquidez podía garantizar unos mínimos a sus clientes. Así, consiguió batir un nuevo récord al vender una obra por 16,5 millones de dólares. «Es una sensación de júbilo y satisfacción que imagino es cercana a lo que Cristiano Ronaldo debe sentir cuando marca un gol», afirma De Pury.
 

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