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Kim Jong-Il era un hijo de puta

(pero tenía sus hobbies)

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Kim Jong-Il tras la cámara.

Al cineasta surcoreano Shing Hang-Ok (1926-2006) y a su mujer, la actriz Choi Eun-Hee (1926), les salvó la vida el hobbie de un dictador muy hijo de puta, Kim Jong-Il (1941-2011), el padre del actual jefazo de Corea del Norte, Kim Jong-Un (1983), que no por ser su hijo es menos hijo de puta.

La afición del difunto Kim Jong-Il era el cine, quizá porque el comunismo y sus ficciones no le daban de sí: necesitaba más, y su estatura y su enclaustramiento desde niño aún más, casi tanto como continuar una estirpe legendaria creada por su padre, Kim Jong-Sung(1912-1994), descendiente del rey coreano Dongmyeong, nacido de un huevo incubado por el sol y que montaba un unicornio, el muy cabrón, que hay que ponerse a ser incubado por el sol y montar un unicornio. Repetíos: soy nacido del sol y de un puto unicornio. Enhorabuena.

Pero ¿cómo no vas a entender a Kim Jong-Il, descendiente de un señor incubado por el sol y que montaba un unicornio? La colectivización y el control de la información parece siempre más fácil que Cantando bajo la lluvia. Lo de la plusvalía y el silencio cabrón parece siempre mucho más sencillo que financiar una Casablanca. Aun así, Jong-Il se empeñó en todo, en la ideología juché y el cine a un tiempo: su Casablanca la tituló el secuestrado Shing Hang-Ok, después de ser torturado y de una huelga de hambre, Emisario sin retorno en los ochenta.

Producciones Kim Jong-Il presenta… de Paul Fischer (Turner, 2015) cuenta parte de una odisea de tres personajes (los rehenes cineastas Shing, Choi y su captor, el dictador norcoreano Kim Jong-Il) aunque quizá eso no sea lo más importante. Al igual que lo esencial de Francono fueron sus cuarenta años en seco al mando de España, es decir, lo esencial de Franco no fue el tiempo, sino su violencia sistemática contra el opositor, su apropiación de la bandera, su utilización simbólica de las obras públicas o ese reguero de sangre que le regaló en epílogo al marqués de Villaverde para una foto del Interviú: «God save the democracy with Carmen Martínez-Bordiú».

 

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