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Lecciones de liderazgo

Sobre «Las personas de la historia»

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Winston Churchill.

Las concepciones de la historia se debaten entre el individualismo y el colectivismo. Para el primero, los grandes hombres son los hacedores de la Historia. Para el segundo, lo son las colectividades. Por supuesto, existen posiciones intermedias. Lo cierto es que no se puede negar el alto valor explicativo de las acciones libres de algunas personas sobre el devenir de la Historia. Acaso quepa hablar también de un personalismo histórico que refutaría las pretensiones del historicismo, es decir, del determinismo histórico, tan atractivo como equivocado. Braudel defendía que el verdadero objeto de la investigación histórica era trascender la superficie de los hechos y descubrir las grandes tendencias. Pero sobre éstas, operan las acciones de algunas personas. Se puede comprender la Historia, incluso en sus grandes tendencias, sin tener que recurrir al fatalismo.

En muchas ocasiones, defectos, pasiones y vicios como la arrogancia, la ambición, la obstinación, la codicia o la mentira, pueden producir efectos beneficiosos. Lo que no quiere decir que sean virtudes. La terquedad no es tan nociva si se tiene razón. No es extraño que grandes hombres fracasen después de haber llevado a cabo una gran tarea. La prueba del genio político, de su capacidad de liderazgo, no consiste tanto en acertar a hacer suya la opinión dominante, como en su acierto en criticarla y modificarla.

 

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