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Los secretos del barón Thyssen

A Simon de Pury le llaman el Mick Jagger de las subastas

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	El barón Thyssen.</p>

El barón Thyssen.

Iniciemos esta historia, que son más bien dos vidas entrelazadas, con unas notas sobre Simon de Pury. Nacido en Basilea en 1951, es hijo de un abogado suizo al que no le gustaba estudiar aunque sí la belleza y el arte. Pasó vertiginosamente de recepcionista en Sotheby's a subastador de éxito por su estilo e intuición, que le otorgó el título del Mick Jagger de las subastas. Dicen que las supersticiones de los subastadores son proverbiales. La suya era comer antes de una subasta una manzana y llevar algo rojo. Su fama atrajo la mirada de Heini Thyssen, propietario de la colección Thyssen-Bornemisza, la mayor colección de arte del mundo solo comparable a la de la reina de Inglaterra. Simon entonces estaba casado con Isabel Sloman, compañera de estudios que lo dejó todo para ser su fiel amiga y con la que tuvo cuatro hijos. Ella fue quien le impulsó a convertirse en el subastador del barón, aunque otros intentaron disuadirle de aceptar aquel trabajo. El barón Thyssen no tenía entonces muy buena prensa. «Su fama de autócrata intimidante y excéntrico a quien solo le interesaban dos cosas en la vida, las mujeres hermosas y el arte, le precedía. Tenía fama de ser uno de los más temperamentales y volubles megamillonarios del mundo del arte», escribe Simon en su libro El subastador, que se publica ahora en España.

Heini le envió su jet, un Dassault Falcon, para llevarlos a Villa Favorita, en Lugano, y mostrarles el escenario de su trabajo. «El barón parecía sacado de la película Goldfinger y su esposa de entonces, Denise Shorto (la cuarta), era una Pussy Galore brasileña», describe. Denise era entonces una rubia de treinta años, hija de un banquero dueño de una franquicia de Coca-Cola y de una modelo escocesa que hablaba cinco idiomas y había estudiado en La Soborna. Villa Favorita le pareció una «torre de Babel con un elenco sacado de la familia Monster». Tenía garajes llenos de Bentleys e Isotta Frascchinis y paredes repletas de obras de arte. La mansión la había comprado el padre de Heini en 1932 al príncipe Leopoldo de Prusia en una venta ‘casera’ a cambio del cuadro El payaso. Aquella visita fue como un recorrido por un museo.


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