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«Tita Cervera trajo mucha alegría a la vida del barón Thyssen-Bornemisza»

El subastador de las estrellas

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Perteneciente a una burguesa y discreta familia suiza, Simon de Pury (Basilea, 1951) parecía destinado a seguir una carrera convencional en el mundo de las finanzas. Pero a él lo que le interesaba era el arte, así que tras formarse en ese ámbito trabajó para algunos de los más grandes, como la casa de subastas Sotheby’s o el barón Heinrich Von Thyssen, de cuya colección fue curador en Villa Favorita, antes de establecerse por su cuenta con Phillips de Pury.

Lejos de un estereotipo que reclama cierta discreción para los intermediaros del gran mercado artístico internacional, él es un hombre mediático y algo teatral, que ahora publica en España su libro El subastador. Aventuras en el mercado del arte (Turner Noema), donde nos cuenta su vida y milagros entre los más ricos de los ricos, aderezada con una jugosa selección de frases lapidarias –«Villa Favorita parecía una torre de Babel con un elenco sacado de La Familia Monster»–, cotilleos –a veces uno se pierde en elname dropping, que incluye a Bernard Arnault, Salma Hayek, Beyoncé o Carolina de Monaco– y aceradas descripciones, como las que dedica a cada una de las cinco esposas del barón Thyssen. De entre ellas destaca la de Carmen Cervera, a la que en su primer encuentro describe como una mezcla entre Catherine Deneuve y Susan Sarandon, nada menos.

¿Por qué cree que le llaman «Mick Jagger de las subastas»? ¿Se considera a sí mismo una especie de estrella del mundo del arte?

Fue a Bob Colacello, de Vanity Fair USA, a quien se le ocurrió ese apodo hace mucho, y se me ha quedado para siempre. Como grandísimo admirador de Mick Jagger que soy, obviamente me halaga. Presumiblemente tiene que ver con el modo en que dirijo las subastas, que es muy físico.

Sobre esto, en efecto fue usted un subastador estrella en Sotheby’s. ¿Qué aprendió allí?

Cuando empecé en el negocio, hace años luz, ingenuamente asumí que la calidad hablaba por sí misma y que por tanto una gran obra de arte se vendería sola. En Sotheby’s aprendí que incluso las mejores obras necesitan una considerable cantidad de marketing individual y público para venderse por precios de récord.


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