385 / 959

Pisando ceniza

Las cosas solo suceden a quien sabe contarlas, dice el narrador de este libro. Ese narrador que es un joven librero, dedicado en el Madrid plomizo de los años 70 a vender libros prohibidos en una trastienda de la calle Génova. El mismo narrador que es también el editor del poeta José Bergamín, con quien recorre España a bordo de un descapotable amarillo, a punto siempre de matarse por las curvas de Despeñaperros, siguiendo a un gitano torero que se llamaba Rafael. Y también el narrador que es un niño y luego un joven y luego un hijo pródigo en su pueblo de Burgos, oyendo las historias de los viejos en la taberna, y los recuerdos engarzados de su madre ante la tumba de su hermano.

Ese narrador que pisa el bosque quemado alrededor de la casa de su infancia es Manuel Arroyo-Stephens, librero y editor impar, escritor sentimental hasta donde lo permite la anglofilia, fundador de esta editorial que hoy recoge sus relatos sin saber si son novela o autobiografía, o quizá una historia de España hecha de lecturas, viajes, amigos y recuerdos. 

Manuel Arroyo-Stephens

Manuel Arroyo-Stephens, abogado y economista por formación, librero y editor por empeño, fundó en la década de 1970 la librería Turner en Madrid, que luego sería la Turner English Bookshop; en ella vendía libros censurados por el franquismo, y poco después empezó a editarlos también: con su sello se pudieron leer títulos fundamentales como La forja de un rebelde, de Arturo Barea, o la obra de José Bergamín. Como escritor publicó el libelo anónimo Contra los franceses y algunos relatos y colecciones de ensayos en México. Retirado de los negocios editoriales, vive entre Berlín y la Sierra de Madrid.