Gabriel Gatti, a propósito de su libro Desaparecidos:

Llevo tiempo siguiendo una figura oscura, fantasmal, la del desaparecido. Me lo encontré temprano, cuando, mediados los años 70 del siglo XX, allá en el Cono Sur de América Latina, irrumpió en mi familia. Es entonces que se inventó; y es eficaz: devasta al enemigo político y a su entorno y su efecto dura generaciones. La historia de esa figura desde entonces ha sido larga, y ha tenido reflujos y éxitos. Pasó por otra invención, la de una forma de respuesta llena de familias movilizadas, políticas de la memoria, pañuelos y rondas, antropología forense, ADN… Luego, por una invención jurídica deslumbrante, una de las cumbres del derecho humanitario internacional, la categoría “desaparición forzada de personas”: mala vida y mala muerte, desprotección y abandono, desinformación y crimen de Estado, delito permanente y duelo que no cesa. Muchas situaciones desde entonces se nombran así.

La del desaparecido es, en efecto, una figura poderosa. Tanto que no se quedó ahí, en los crímenes de Estado de las dictaduras, o en los atropellos puntuales de algún sátrapa. No, al contrario: extendió enormemente su campo de batalla y hoy nombra muchas más cosas de las que nombraba antes: habla de migrantes africanos que quieren llegar a la rica Europa, de sombras oscuras que deambulan por los rincones de cualquier ciudad latinoamericana, de miserias olvidadas e invisibles en las partes de atrás de las espléndidas urbes europeas y norteamericanas, de más migrantes, los que cruzan América sin ser vistos ni sentidos para llegar a México o México para llegar a Estados Unidos, o de gentes que, deshumanizadas, viven en plantaciones del Caribe, expulsados de la ciudadanía y de sus luces. Desaparecido, como antes, dice fantasmas y mala muerte, pero dice también mucho más: mala vida, miseria, precariedad. Es uno de los nombres que la sabiduría popular ha adoptado para nombrar la existencia de los que quedaron fuera del lado bueno de las cosas, expulsados, abandonados, invisibles.

Siguiendo a estos nuevos desaparecidos este libro buscó acercarse a ese universo. En ese viaje se hizo investigación sociológica, crónica, etnografía y cartografía. Se contó desde la piel o desde otros libros. Lo que cada caso pidiese para hacer el mejor mapa posible para el abandono. Siguiendo al desaparecido el libro vio parte de lo mucho, pero ni de lejos todo, de lo que esta vieja figura puede llegar a nombrar actualmente: a los que en Uruguay quedaron fuera de la ciudadanía, bichos, expulsados de los jardines comunes; a los que en República Dominicana nunca llegaron a estar dentro, apenas humanos, todavía carne de plantación; a aquellos que en las ciudades enormes de Brasil, de Colombia, también de Estados Unidos, en la rica California, son sombras, y que abundan, esos a los que quisiéramos llamar “humanos” pero que no llegan. Y en España, donde “desaparecido” nombra mucho, desde cuerpos que flotan en el Mediterráneo a fusilados de hace décadas tratados todavía como despojos. Y hasta un país entero nombra, México, un compendio de violencia, de abandono, de vida miserable.

Desaparecidos. Cartografías del abandono se presenta el jueves 16 de junio a las siete de la tarde en la librería Antonio Machado de Madrid (Plaza de las Salesas, 11). Conversarán con el autor, Gabriel Gatti, el escritor Juan Villoro y el juez Ramón Sáez Valcárcel, moderador por Ricardo Cayuela.

Gabriel Gatti es doctor en Sociología y profesor del departamento de Sociología 2 de la Universidad del País Vasco. Entre los libros que ha publicado se encuentran Surviving forced disappearance in Argentina and Uruguay, Identidades desaparecidas e Identidades débilesEl detenido-desaparecido, con el que ganó el Premio Nacional de Ensayo en Ciencias Sociales de Uruguay en 2010.

Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) es uno de los escritores más brillantes y versátiles del idioma. Ha sido traductor de Greene, Capote, Rezzori, Schnitzler, Lichtenberg, Goethe, entre otros autores de lengua alemana e inglesa. Ha trabajado la crónica, el ensayo, la novela, el teatro y la literatura juvenil. Es premio Herralde de novela por El Testigo, Premio Xavier Villaurrutia por su libro cuentos La casa pierde, premio de periodismo Manuel Vázquez Montalbán por Dios es redondo, premio Mazatlán por su libro de ensayo Efectos personales, premio Ciutat de Barcelona y premio Iberoamericano José Donoso, entre otros reconocimientos y distinciones.

Ramón Sáez Valcárcel es magistrado del Tribunal Constitucional. Entre 1996 y 2001 fue miembro del Consejo General de Poder Judicial. Pueden leerse artículos suyos en publicaciones como Jueces para la democracia, Historia actual online o Revista de derecho social; además es el autor de Siniestralidad laboral y derecho penal y Alternativas a la judicialización de los conflictos: la mediación (con Pascual Ortuño), entre otros títulos.

Ricardo Cayuela es escritor y editor. Actualmente es el director editorial de Turner.

En portada, Jardines del Palacio de las Naciones en Ginebra (GG, 2018).